Recuerdo en una ocasión hablando con mi hija sobre un negocio innovador que un amigo estaba lanzando… me realizó una pregunta muy curiosa… “¿pero todavía se pueden inventar cosas?….”

Esta reflexión constituye el punto de partida de la estrategia del océano azul. Descubrir nuevos mercados por los océanos en los que navega el barco de nuestra empresa, donde la competencia todavía no ha llegado. Está formulación estratégica fue desarrollada por W. Chan Kim y Reneé Mauborgne en el libro “Blue Ocean Strategy”.

Plantean un método para explorar nuevos segmentos de mercado con el objeto que crear nuevos modelos a través de la diferenciación, en vez de competir en sectores establecidos. Por ello se refieren a la necesidad de crear espacios de mercados nuevos mediante lo que denominan “innovación en valor”. Esto significa aumentar el valor que obtienen los clientes mediante la creación de ventajas y servicios nuevos al tiempo que se eliminan los componentes o servicios menos valiosos para reducir costes.

Para reconstruir los elementos de valor para el cliente se apoya en el esquema de las cuatro acciones, que resultan de los cuatro interrogantes:

  1. Eliminar

¿Cuáles son los factores qué nuestra industria da por supuestos establecidos y que deben ser eliminados?

  1. Reducir

¿Qué factores deberían ser reducidos por debajo de la norma del sector?

  1. Incrementar

¿Qué factores deberían se debe incrementar muy por encima de la norma de la industria?

  1. Crear

¿Qué factores, que el sector no haya ofrecido nunca, de deben crear?

Esta estrategia es positiva en su formulación en cuanto se apoya en la elaboración de una propuesta de valor incrementada y en la disminución de costes, resultando un potencial importante para la generación de crecimiento rentable y sostenido en las organizaciones.

No obstante y como dice Javier Megias en su blog, el océano azul no significa crear un nuevo mercado, al que no ha llegado nadie (esto es como encontrar el santo grial). Más bien se trata de una resegmentación de un nicho de mercado, sobre los que se puede influir a partir de una diferenciación de la propuesta de valor de las empresas.

El océano azul en definitiva es una meta al que se puede llegar trabajando de una manera abierta una nueva visión de nuestra propuesta de valor. Vuelve a poner en el centro al cliente, y para ello como hemos dicho en otros posts anteriores debemos conocer muy bien sus necesidades y expectativas.