Las necesidades de los clientes cambian constantemente, esto exige a las empresas adaptar su modelo de negocio como ventaja competitiva en un mercado cada vez más saturado de ofertas.

La competitividad y los cambios sociales, económicos y políticos hacen que las previsiones del futuro sean cada vez más inciertas.

Hasta hace unos años los ejecutivos de las grandes compañías planificaban el crecimiento de su compañía en un contexto macroeconómico más o menos predecible, y las decisiones de crecimiento o reestructuración venían marcadas por una larga lista de datos analizados por departamentos de planificación.

Sin embargo las cosas han cambiado, el futuro es cada vez más difícil de predecir, los cambios son cada vez más rápidos y están fuera de ningún control. Esto exige una mayor flexibilidad para adaptarse a las exigencias cambiantes del mercado.

Existen dos herramientas que en ocasiones se confunden: Planificación y estrategia. La primera es más analítica y tiene que ver más con los procesos y sistemas de la empresa. Está relacionada con despliegues de acciones ante escenarios posibles de los mercados. La estrategia es más creativa y consiste en pensar abiertamente sobre las necesidades de los clientes, nuestras capacidades, la competencia y nuestras ventajas competitivas.

En definitiva la estrategia marca el rumbo de la empresa en un contexto competitivo donde debemos comprender de dónde venimos y a dónde queremos ir. La clave es el entendimiento de nuestro flujo de valor y cómo se obtienen beneficios.

Design Thinking aborda este proceso de un modo más abierto, no sólo pensando en el crecimiento económico de las empresas sino comprendiendo cuál es el papel de éstas en el mundo, su aportación a la sociedad y su sostenibilidad en el entorno más inmediato. Sólo de este modo se pueden definir estrategias de futuro.

Dentro este pensamiento la reflexión estratégica viene a responder a la pregunta: ¿Qué valor crea hoy tu empresa y cómo encaja con las necesidades establecidas o emergentes en los clientes?

Las respuestas vienen a través de un modelo sistémico de entender nuestra organización. Por ello las áreas de trabajo que se estudian son:

  • La propuesta de valor
  • Cultura organizacional
  • Valores de la compañía
  • Competencias esenciales

Son aspectos internos de la cadena de creación y aportación de valor de la propia empresa que no siempre son conocidos por los ejecutivos de las compañías. Y que permitirán obtener otra información menos analítica que los datos financieros, pero a cambio se obtiene una visión más humana y creativa del negocio.

Este enfoque más creativo e imaginativo busca examinar y explotar el valor potencial en la propia empresa para construir un modelo de negocio que dé respuestas a las necesidades emergentes de los clientes.

En este proceso creativo se utilizarán distintas herramientas que ayudaran a reenfocar los modelos de negocio actuales de modo que puedan ajustarse para el futuro. Estas herramientas identifican estás nuevas necesidades que experimentan los clientes que afectan al modo en que se crea el valor hoy y con la identificación de los impulsores de cambio.